La bóveda sexpartita del Monasterio de Santa María de Huerta, Soria_01 Imprimir E-mail

El riquísimo legado cultural que produjo la arquitectura gótica europea tuvo un brillante capitulo protagonizado por las llamadas bóvedas sexpartitas; se trata de de un capítulo breve pero en extremo interesante. Este tipo de bóvedas empezaron a ponerse en práctica en el último tercio del siglo XII y su uso se extendió a lo largo del primer tercio del siglo XIII; apenas unos sesenta años. Es, por tanto una historia breve si consideramos la gran historia del gótico en Europa pero de una extraordinaria intensidad. Aunque su origen hay que situarlo en los Dominios Reales de Francia, es posible encontrar este tipo de bóvedas en casi todos los países de Europa, desde Inglaterra hasta Polonia. Su breve existencia y su brusca desaparición crean un interesante interrogante sobre esta peculiar bóveda.

La bóveda sexpartita es un bóveda de planta más bien cuadrada, por regla general de considerables dimensiones, que se forma con un cruce de ojivas de dos arcos diagonales y, un arco más, paralelo a los arcos perpiaños que por el centro divide la bóveda en dos parte . Entre este conjunto de nervios se extiende la plementería que va rellenando las seis celdas en que queda dividida la planta de la bóveda. El arco de través central parte en dos los frentes los muros laterales de la bóveda y crea dos ventanales en cada lado. La forma general de la bóveda resultante es de una considerable complejidad ya que, las cuatro celdas de las plementería laterales, forman unas forzadas superficies cónicas muy alabeadas.

Este tipo de bóvedas, aparece en los comienzos del gótico en las naves centrales de los grandes templos para sustituir las bóvedas de cañón románicas. La planta cuadrada de la bóveda sexpartita central se completaba con dos bóvedas de crucería igualmente cuadradas a cada lado de ésta. La razón por la que los arquitectos góticos abandonaran tan precipitadamente esta extraña bóveda es todavía hoy día un interesante interrogante. En lugar de ella aparece la gran bóveda gótica clásica de planta rectangular con proporción 2:1 construida con un simple cruce de ojivas. Nunca más se volvería a poner en práctica la bóveda sexpartita. Quizás fuera la forma excesivamente compleja de este tipo de bóvedas que hoy nos recuerda a un extraño crustáceo, con sus ventanales parcialmente ocultos en sus bocinas tras los arcos diagonales. O quizás fuera debido la altura excesiva que alcanza la nave ya que los arcos diagonales de medio punto elevan extraordinariamente las claves centrales y con ellas la altura general del edificio, o, como también se ha apuntado, la desigual transmisión de los pesos hacia el suelo debido a la alternancia entre los pilares esquineros de las bóveda y los intermedios, bajo los arcos de través, mucho menos cargados que los anteriores. Lo cierto es que hacia la mitad del siglo XIII este tipo de bóveda ha desaparecido por completo de entre los recursos arquitectónicos del gótico europeo después de haber sido la protagonista de edificios tan emblemáticos con la catedral de Notre Dame en París, la colosal catedral de Bourges, la bellísima catedral de Laon o la de Sens y Dijon, entre la más célebres de Francia (Figs. 1-4). [....]

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